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Marco Urbina Virtudes para superar desastres
Viernes 5 Febrero Marco Urbina

Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto, dijo Aristóteles, resaltando la importancia de los valores en la educación. Una vida centrada en valores es una vida llena de virtudes, algunas de las cuales son necesarias para superar los momentos difíciles de nuestra presencia terrenal.

 

Al terminar el año 2020 muchos lo calificaremos como un año perdido, como el peor año de nuestras vidas o como un año para olvidar, entre algunas descripciones que ya se escuchan cuando se acerca la navidad. Lo cierto es que ha sido un año diferente, que nos ha puesto a prueba en todas las áreas de nuestra existencia y nos ha transformado la vida, para bien o para mal.

 

El país ha sufrido varias crisis simultáneamente: la sanitaria, la económica, la política, la social y más recientemente las naturales, con efectos indirectos de dos huracanes seguidos en cuestión de semanas. Todo esto nos llevó al confinamiento, a la paralización de múltiples actividades económicas, al mayor endeudamiento del país, a la confrontación entre sectores de la economía y el gobierno, a la destrucción de parte de la infraestructura de transporte y tiene nuestra economía al borde de la quiebra. Seguimos sin encontrar las propuestas apropiadas para resolver la situación porque cada uno quiere que se curen los males sin ser parte de la medicina.

 

La solución es simple, debemos ajustar el gasto a lo que producimos. Recetas hay muchas, pero es el momento en que todas las partes debemos ceder un poco o perdemos todos. Como diría Aristóteles nos ha faltado virtud, entendida esta como el justo medio entre el exceso y la carencia. Aplicado en términos prácticos todos sabemos cuándo estamos disfrutando de beneficios exagerados que ya no se pueden pagar y también quienes pueden aportar algo más.

 

Como pueblo debemos ayudarnos unos a otros con lo que esté a nuestro alcance, no podemos ayudar a todos, pero si podemos ayudar a alguien y hacer la diferencia para esa persona y su familia.

 

Sin embargo, para poder ayudar a otros el primer paso está en ayudarnos a nosotros mismos. Las instrucciones en un avión cuándo caen las mascarillas son: póngasela usted primero y luego ayude a los demás.

 

Para superar cualquier situación difícil debemos estar fuertes física, mental y espiritualmente y trabajar primero, esas áreas,en nosotros mismos como un hábito diario. Sólo entonces, podremos ayudar a los demás.

 

Virtudes hay muchas, Aristóteles planteó todo un decálogo de ellas para vivir y obrar bien. El filósofo veía las virtudes como rasgos de carácter y tendencias para actuar de una forma particular, que debemos convertir en hábitos para vivir mejor. Estos hábitos deben ser deliberados e implementados conscientemente.

 

Cuando un pueblo mayoritariamente hace uso de las mismas virtudes, estas se convierten en su idiosincrasia, siendo parte de la idiosincrasia histórica del costarricense la amabilidad y la solidaridad, por ejemplo. Sin embargo, ante un coctel de crisis como las que estamos enfrentando


 

los líderes de las empresas, las comunidades y las familias deben echar mano de 4 virtudes relevantes: Resiliencia, Ecuanimidad, Solidaridad y Gratitud.

 

La Resiliencia es la capacidad de hacer frente a las adversidades de la vida, transformando el dolor en fuerza motora para superarse y salir fortalecido de ellas. Tener resiliencia equivale a tener las pilas cargadas para enfrentar el reto. Es relevante aprender a no desperdiciar energía y saber como reponer efectivamente la energía que usas. Estar enfocado en lo relevante y en lo que podemos resolver es primordial, para ello la ecuanimidad es un aliado poderoso.

 

La Ecuanimidad es la capacidad de mantenerse sereno ante la adversidad, es un estado de estabilidad y compostura ante experiencias y emociones difíciles que pueden causar el desequilibrio de la mente. Para mejorar nuestra ecuanimidad debemos aprender a respirar diafragmáticamente, apartarnos para meditar, estar en el presente y sobre todo dominar nuestro diálogo interno para pensar con objetividad y calma.

 

La Gratitud nos ayuda a mantener la ecuanimidad. Encontrar un motivo para dar gracias aún en medio de la tempestad, es la fortaleza de ser consciente de que hay algo positivo en todo lo que nos sucede. Gratitud es un sentimiento y actitud de reconocimiento de todo aquello recibido o por recibir.

 

Siempre tenemos algo porque estar agradecidos con la vida, aunque sea el simple hecho de estar vivos.

 

En medio de toda tempestad siempre hay gente que está peor que nosotros, que necesita nuestra ayuda, aunque sea sólo una cosa pequeña o un gesto de compasión.

 

La Solidaridad es el apoyo incondicional, con lo que esté a nuestro alcance, a causas o necesidades ajenas, que nos permite actuar en comunidad como un todo, ayudando al prójimo sin esperar nada a cambio.

 

Estas 4 virtudes desarrolladas e implementadas en cada uno de nosotros, nos darán la fuerza para superar cualquier obstáculo que la vida nos presente. Juntas forman el cimiento para soportar cualquier tormenta que venga, de tal forma que cuando finalmente salgamos de ella, será fortalecidos, porque nadie se hizo fuerte sin batallas difíciles.

 

José perdió su trabajo y aunque tenía muchos años de laborar en el mismo restaurante, no sabe si el propietario podrá pagarle su liquidación, ya que el negocio cerró. Se mantuvo sereno, le deseo mucha suerte a su antiguo empleador, regresó a su casa y se sentó a planificar cuanto tiempo podría sobrevivir con los pocos ahorros que tenía. Miró a su alrededor y dio gracias porque su esposa aún tiene trabajo, ella y sus dos pequeños hijos están bien de salud, tienen un techo sobre sus cabezas y una hermosa relación familiar. Rezó, respiró y se llenó de orgullo mientras resolvía que hacer con sus conocimientos de cocina. Negoció con su antiguo jefe que le diera un adelanto de liquidación con productos de los que quedaron en el restaurante. Entró en su cocina y preparó su famosa salsa picante, que tanto gustaba a los clientes del lugar. Envasó todo lo que pudo producir y salió a ofrecerlo a restaurantes que si están trabajando. Rápidamente vendió su salsa y recibió nuevos pedidos. Para poder completar estos pedidos llamó a dos excompañeros de trabajo, que también habían sido despedidos, a que colaboraran con él y así todos podrían llevar algún dinerito a sus casas.


 

Como José hay miles de casos tristes, muy duros, que siguen sin resolver su situación, pero con resiliencia, ecuanimidad, gratitud y solidaridad entre todos podemos meternos el hombro y como decía Aristóteles, hace casi dos mil trescientos años, debemos practicar las virtudes para alcanzar la felicidad en la comunidad.

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