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Marco Urbina “The angry generation” (toda una generación enojada)
Lunes 24 Agosto Marco Urbina

Si estoy enojada, toda mi generación está enojada y no es una rabieta infantil, es la reacción de muchos jóvenes nacidos en la Generación Z, cuando los viejos les pedimos calma ante sus posturas irreverentes a temas comunes como política, cambio climático, derechos humanos, diversidad y situaciones socio-económicas. Es cierto que están realmente preocupados de si el planeta podrá aguantar otra década de disturbios y confusión política, de grandes incendios forestales e inundaciones monumentales, pero sobre todo están realmente preocupados de su supervivencia.

 

Esta es la primera generación realmente nativa en la era digital, han estado siempre expuestos a la internet, a las redes sociales y a los dispositivos móviles. Según McKensey &Co. en su estudio sobre la Generación Z y sus implicaciones para las empresas, estos jóvenes nacidos entre 1995 y 2010 representan a un grupo hipercognitivo que se siente cómodo con reunir muchas fuentes de información y cruzarlas entre ellas en busca de la verdad.

 

Adolescentes enojados con el sistema, su gobierno, sus padres o sus maestros no es nada nuevo. Sin embargo, el enojo de esta generación es diferente a las del pasado, estos jóvenes manifiestan su ira mucho más temprano en la vida y frecuentemente no saben con qué están enojados.

 

Parecen estar obsesionados consigo mismos a través de los selfies llenos de filtros en Instagram o con ser estrellas de tik tok en instantes, los anuncios para ellos no pueden durar más de 4 segundos, ni las canciones más de tres minutos y los youtubers o las influencers, en su mayoría, no superan los 20 años. Será que fueron expuestos a demasiada información a muy temprana edad y no han tenido la oportunidad de saber como lidiar con todo este falso glamour lleno de destellos, de vida fácil y pirotecnia por el éxito fugaz?

 

Sus pilares son siempre alrededor de la búsqueda de la verdad, son ante todo comunahólicos e inclusivos, pueden interactuar con instituciones que rechazan sus valores sin abandonarlos, son pragmáticos y analíticos en la toma de decisiones, quieren manifestar su singularidad en medio de distintos grupos étnicos y sociales, con los que se comunican con más facilidad y sin tanto filtro social, como sus generaciones antecesoras, a través de las redes sociales y sus dispositivos electrónicos.

 

Quieren ser auténticos y no aceptan que los etiqueten, se movilizan por múltiples causas y en su afán de ser escuchados y con la certeza de que los medios digitales les ofrecen audiencia, se exceden frecuentemente en el uso del lenguaje soez y ofensivo, siendo confrontativos e irrespetuosos con gente a la que no conocen o instituciones sobre las que están desinformados en cuanto al por qué de sus actuaciones. Siempre a la sombra de los medios digitales que ofrecen libertad de comunicación con mucho anonimato y poca reprensión. Nadie está enseñando las normas de etiqueta y buena educación en el mundo digital. Es algo en lo que debemos ocuparnos antes de que sea irreversible.


 

A la edad en que esta generación está expuesta a múltiples formas de información y mensajes diversos provenientes especialmente de otros jóvenes, los niños de hace veinte años y más, sólo estaban en contacto con sus padres, abuelos y maestras de kínder, lo que recibían era información y guía programada basada en los valores familiares y regionales. El respeto a los mayores se imponía y poco a poco los niños iban saliendo al mundo, en el que empezaban a disentir de todo lo anterior normalmente hasta la adolescencia.

 

Aún así esa rebeldía propia del descubrimiento de los cambios hormonales y su propio ser, no los alejaba del recuerdo constante, por parte de los adultos, de que debían prepararse para el futuro y para formar su familia. Hoy todo ese esquema desapareció, sucumbió a los youtubers, que superan a los maestros de primaria en contacto con los niños, quienes en medio de todo esa mezcla de mensajes a tan corta edad, no aprenden a lidiar con la frustración y con el enojo y tampoco logramos los adultos enseñarles a hacerlo.

 

Esta es una generación con un gran potencial, expuesta a mucho en muy poco tiempo, de la que podemos esperar grandes cosas positivas para la humanidad, pero que está viviendo muy a prisa y esto la puede llevar a estrellarse con el manejo de las emociones causando más daño que beneficio. Reflexionemos sobre como ayudar a estos chicos a desarrollar todo su potencial pero sin perder su derecho a la felicidad y a la armonía mientras le encuentran sentido a su vida.

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